2 de julio de 2011

Sueños rotos



La muchacha avanzó calle abajo. Por su camino, se limitó a observar cómo las gotas de agua se precipitaban hacia una muerte segura, lanzándose desde la cima de los tejados. Qué irónico, se dijo, con sus sueños había sucedido lo mismo: todos muertos, tan rotos que cortaban.

Comprendió que su vida se hubiese convertido en una gran tormenta de la que quizá nunca saldría.

Comprendió que, a partir de aquel momento, caminaría sola bajo la lluvia, sin bailes ni banda sonora porque, también comprendió, su vida no era una película y, por desgracia, nadie aparecería para librarla de los monstruos que pudiesen atacarla.

Lo que no sabía era que el peor monstruo se encerraba dentro de ella, bajo su piel, en su cabeza. Y tampoco le importaba.

Por todo eso, lloró. Lloró y permitió que sus lágrimas se mezclasen con las del cielo.


1 comentario :

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    un saludo y ánimo con el blog :)

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