30 de marzo de 2014

El amor entra con cantos y sale con llantos



Su amor llegó una noche de esas que son frías y te hacen temblar, de esas que necesitas todo el calor que te presten y, si puede ser, alguno más. Él era otro poeta enamorado de la luna que fingió haber olvidado a su amor platónico y salió en busca de consuelo, de unos brazos nuevos. 
Porque, el suyo era otro de esos amores suicidas que acabó muriendo en el precipicio de unos labios que, entre beso y verso, le sonreían.
Y se enamoró de una mirada que ya hoy apenas recuerda, se enamoró de la boca de una loca que, a duras penas, podrá olvidar.
Su amor quiso de noche y murió de madrugada.

27 de marzo de 2014

We'll always have Pasris



Le pregunté qué película podríamos haber sido y respondió que ninguna, que no había guión que pudiese plasmar lo que sentíamos ni director capaz de hacer justicia a nuestros actos.
Me respondió que éramos tan imperfectamente perfectos que seríamos incapaces de aceptar un corten, de admitir nuestros fallos o recordar la presencia de las cámaras.
Me respondió con la mirada y me produjo una sensación que ni el mejor productor de cine podría repetir. Supe entonces que si no me volvía loca por mí misma, él se encargaría de hacerme perder la razón. Porque, nuestros corazones comenzaron a actuar como los mejores dobles jamás vistos, los actores que Hollywood siempre deseó tener y que, desgraciadamente, nunca conoció.
Quizá todo estuviese perdido antes de empezar, quizá todo se perdió por el camino, quizá no haya ningún quizá más que inventar porque, al fin y al cabo: Siempre nos quedará París y, eso, es lo que cuenta.

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Hoy es uno de esos días en los que te apetece ponerte a ver Casablanca y decides que así será.
¿Qué tal todo? Muchas gracias a esos ya 974 seguidores, sois geniales, en serio *.*
Besos, ya sabéis que para encontrarme en redes sociales a la derecha tengo en azul mis enlaces (esos cuadraditos azules, por si acaso)
En fin, ¡Mil besos!♥

21 de marzo de 2014

De cuando mi color favorito era el de tus ojos:


No voy a olvidar el color de tus ojos. Esos que apenas conocí y con los que me hubiese gustado tratar un rato más. Claros, exactamente igual que cada una de las palabras que me dedicaste únicamente a mí, como el agua del mar, el mar de las lágrimas que nunca llegué a rociar por nadie. Lágrimas que, aún hoy, continúan sin salir cuando me pregunto a mí misma si llegué a quererte en algún momento o, por el contrario, todo fue producto de mi sobredesarrollada imaginación pulida a base de tardes de lectura. Porque, aunque he tratado de olvidarme de todo, siempre vuelvo a pensar en lo mismo, en aquel cruce de miradas hacia el que nadie me guió y en el que, no obstante, me gustó quedarme e, incluso, perderme. Y es que de vez en cuando vuelvo a hacerlo: vuelvo a perderme un rato en el maravilloso, y odioso, paraíso de recuerdos en el que, a base de palabras, miradas y actos, te ganaste un puesto y del que, para ser sinceros, no me apetecerá jamás echarte. 
Porque, ahora, eres sólo eso: un recuerdo más.


Versos de una noche de verano



"Si me besas prometo que no querrás probar otros labios", susurró ella.
"Si te verso te juro que no querrás conocer otros poetas de los que ser musa", sonrió él.

Ahora sus palabras no son más que recuerdos, recuerdos de algo sucedido mucho tiempo atrás... recuerdos que acuden a su memoria para atormentarla, para que sea consciente de que jamás hallará a nadie igual, que jamás logrará querer a alguien del mismo modo.
Ella es ahora sólo la sombra de la que fue un día. Es solo la marioneta de un destino que parece haber decidido ponerle trampas, escribir el nombre de la persona a la que quiere en cada página de su vida aunque, siempre, detrás de un maldito punto y aparte
Jodidos signos de puntuación ¿Para qué los inventarían?, piensa, pobres frases que están destinadas a no estar juntas nunca; pobres enunciados entre los que un maldito, insignificante y minúsculo círculo se interpone. Malditos poemas cuyas estrofas se separan por un punto, ¿por qué unos sentimientos tan bonitos tienen que permanecer tan distanciados?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Él tenía razón, ¡claro que la tenía! Siempre era así. Él, capaz de adivinar cómo se encontraba por su manera de acabar las frases, que sabía cómo se sentía observando sus suspiros y era capaz de llevarla a otros mundos con sólo una mirada. Él, capaz de enamorarla cada día un poco más e incapaz de hacerle daño...
Eran tan felices que dolía; quizá por eso aquella relación se enfrío, quizá porque el calor del verano había derretido sus palabras, sus versos y, cómo no, el maldito invierno había congelado sus sentimientos y, con ello, sus corazones.
Por eso ahora no le queda más que sentarse a recordar y pensar que él tenía razón: ella ya no quiere volver a ser la musa de ningún otro poeta. Porque él no era como los demás, él siempre acababa sus poesías en puntos suspensivos...


17 de marzo de 2014

Te quiero sin menos *

Una vez dejó claro que no le importaba lo que él sentía. Se ha mentido tantas veces diciéndose a sí misma que había dejado de necesitarle que incluso ha llegado a creerlo.
Pero no le bastó con meterle en sus sueños y decidió incluirlo también en ese thriller que ella llamaba su vida . Él apareció sin que nadie se lo pidiera y sigue ahí todavía... pero no, ella nunca reconocerá todo esto, nunca le dirá ningún "te quiero" al oído ni dejará la marca de su pintalabios rojo en su cuello. Nunca nadie dirá que hacen mala pareja porque, simplemente, no son ni serán.
Y a ella no le importaría que esto cambiara, porque, a decir verdad, lleva años preguntándose a qué saben los besos y ni siquiera se ha atrevido a probarlos (¿De qué color es el amor?)
Que no, que no es como Eva y puede esperar el tiempo que haga falta, que no le importa y, aunque así fuese, la vida le ha enseñado a ser una buena actriz.
Recuerda que una vez aseguró que no volvería a pensarle: ha cambiado de opinión.
Porque llega un punto en el que el poeta se enamora de su musa y, en ese instante, deja de idolatrarla para ensalzarla aún más, para definir cuán perfecta es... el poeta deja de escribirle a la musa y, en ese momento, comienza a hacerlo para sí mismo.
Ella piensa pensarle hasta que la luna deje de salir, hasta que el agua del mar sea dulce, hasta que alguien venga y le diga que es imbécil. Va a seguir pensándole hasta que la quieran y, de momento, hay más probabilidad de que la luna duerma para siempre.
Algún día él mirará al pasado y ella quiere pensar que entre todos los episodios de su vida, allí, entre todos sus viejos amores, gustos raros y amistades que ni siquiera llegaron a consolidarse: justo ahí, estará ella.
Pero, de un modo u otro, sabe que eso es imposible... o quizá no.
Y con el quizá se queda.



15 de marzo de 2014

My heart is set on you

<<¡Maldito marketing! ¿Cómo se le ocurre hacernos creer en el amor?>>



Cuando quiso abrir los ojos, era demasiado tarde. Quizá Cupido se había comportado por primera vez, pensó. Pero no, no había sido el caso...
...a ese ángel, hay que pagarle unas clases de tiro con arco.
Porque sí, continua en una molesta melodía en bucle que no hace más que dañarle el oído. No puede cambiar, aunque lo intente, de disco: le gusta demasiado la idea de ser invisible, de ser un iluso que juega a encontrarse de bruces con la realidad.
La necesita, aunque a ella no le importe.
Porque sí, porque midió aquellos días minuciosamente y antes de darse cuenta, el calendario ya se había vengado de él. Supone que ya no le quedan casualidades buenas que gastar, supone que se fueron todas aquel maldito año en el que se conocieron.
A veces se pregunta cómo sería su vida sin ella, pero no puede y seguirá pensando que es especial, seguirá pensando en todo lo que pudieron ser y jamás serán, en lo que jamás fueron.
Él seguirá queriéndola aunque sea en silencio, aunque ella ni se entere, aunque ella ni lo intente; él los querrá por los dos.
Porque Platón estaría orgulloso de él, porque prometió tantas cosas con la mirada que es una lástima que sea cierto eso de que las promesas están hechas para romperlas.
Quizá, si se lo permitiesen, él rompería otras cosas... el silencio con un beso, por ejemplo.


14 de marzo de 2014

My heart beats for you, my soul waits for someone else


Quizá algún día logre olvidar tus palabras ficticias, tu mirada.
Quizá pueda dejar de lado todos los libros nuevos de mi estantería, a mi guitarra.
Supondría olvidarme de las tardes de lluvia con manta, película y chocolate; de los besos que no nos dimos; de esa música que, sin quererlo, habla de ti; de las noches de verano, del calor de invierno.
Quizá podría  fingir que no pienso en ti cada día, que odio sonreír, que amo las multitudes.
Quizá es una de mis palabras favoritas últimamente, quizá porque me hace pensar que aún queda un atisbo de esperanza, que no está todo perdido: que este barco en el que no-vamos, todavía no se ha hundido. 
Porque puedo hacer muchas cosas pero olvidarle no entra, de momento, en mis planes.

1 de marzo de 2014

Si tú me dices ven lo dejo todo


"Ven", tres letras, demasiados sentimientos.
Pueden significar tantas cosas...
Pero tú sólo quieres oír esa palabra salir de los labios de una persona que, por suerte o por desgracia, aún no sabe cuánto lo necesitas. Sólo quieres saber qué se siente, deseas convertir sueños en realidad, ¡cómo si eso fuese posible fuera de las películas!
Tú quieres reír del llanto, que lo otro está muy visto; quieres besar canciones que entonan versos de amor fallido; que a ti no te importará el tiempo que haga si estáis juntos.
Porque únicamente necesitas una sonrisa adecuada en el momento adecuado, y por supuesto, de la persona adecuada, para volverte a sentir en un eterno paraíso de verano en bucle del que jamás querer salir; que te gustaría incluso perderte en el laberinto de miradas, esas que son cómplices y que, afortunadamente, aprendiste de memoria en una vida pasada o, de otro modo, no hay una explicación racional para relatar esa capacidad que tienes para descifrarlas en un tiempo récord.
Tan inconformista eres que sólo quieres que ocurra algo que no va a suceder, únicamente deseas oír florecer un "ven" de unos labios que, últimamente, está marchitándose por culpa de la poca atención que les prestas.
Y, si no es así, ven y lo discutimos.