21 de marzo de 2014

De cuando mi color favorito era el de tus ojos:


No voy a olvidar el color de tus ojos. Esos que apenas conocí y con los que me hubiese gustado tratar un rato más. Claros, exactamente igual que cada una de las palabras que me dedicaste únicamente a mí, como el agua del mar, el mar de las lágrimas que nunca llegué a rociar por nadie. Lágrimas que, aún hoy, continúan sin salir cuando me pregunto a mí misma si llegué a quererte en algún momento o, por el contrario, todo fue producto de mi sobredesarrollada imaginación pulida a base de tardes de lectura. Porque, aunque he tratado de olvidarme de todo, siempre vuelvo a pensar en lo mismo, en aquel cruce de miradas hacia el que nadie me guió y en el que, no obstante, me gustó quedarme e, incluso, perderme. Y es que de vez en cuando vuelvo a hacerlo: vuelvo a perderme un rato en el maravilloso, y odioso, paraíso de recuerdos en el que, a base de palabras, miradas y actos, te ganaste un puesto y del que, para ser sinceros, no me apetecerá jamás echarte. 
Porque, ahora, eres sólo eso: un recuerdo más.


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