31 de mayo de 2014

On doit s'oublier



Besos de despedida con sabor a posibles nuevas oportunidades.
Unos labios que ya han muerto.
Relojes que piden un final, un punto, un aparte.

Quizá sea este el principio de algo que hace tiempo ya acabó,
quizá únicamente sea un descanso al fin
y al cabo
qué sé yo.

Palabras no dichas que se disuelven
en anís,
para llorar
o reír.

 Dicen por ahí que sólo los cobardes creen en el destino,
 al parecer yo no soy valiente.
Al parecer,
eso cree la gente.

Destructor de destinos, cazador de metáforas

La flor más bonita se marchita para demostrar que nada es eterno que, por mucho que te esfuerces en la construcción de ese castillo de arena, una ola traidora vendrá y, vengándose del mar que la obliga a morir en la orilla, decidirá no irse sola.
Entonces te sentarás, aguardando a que otra ola venga y te arrastre con ella, esperando a que el agua llegue y te consuele acogiéndote entre sus brazos antes de morir. Porque, sí, necesitas que alguien te dé todo el amor que te robaron pero no, no va a ser el mar el encargado de hacerlo... ni tampoco una de sus suicidas olas.
El único capaz de consolarte eres tú mismo y, desgraciadamente, es algo tan obvio que muchas veces lo pasas por alto. Por eso, deberías salir a la calle y vivir el momento o, mejor dicho: crear el momento, vivir nuevas y memorables experiencias para que un día, cuando otra ola se trague uno de tus castillos de arena, limitarte a observar cómo se aleja al tiempo que sonríes pensando en todo lo que pudo ser y fue porque, al fin y al cabo, es eso lo que realmente importa.
A veces hay que pasar página, cerrar capítulos, escribir nuevos libros, comenzar nuevas etapas: destrozar torres de arena para construir el verdadero castillo.



Leí una vez que estar triste es un modo de estar feliz, que si estás sufriendo es porque te falta lo que un día te hizo estar a gusto o, lo que es lo mismo: deberías dejar de rociar lágrimas pensando en lo que se acabó y dibujar sonrisas en tu rostro recordando que sigues vivo y aún no es demasiado tarde, que tienes tiempo (y muchas ganas) de volver a sentirte bien.

13 de mayo de 2014

Thinking out loud



El amor.
El amor es un nada que lo significa todo.
El amor es un silencioso grito en cuya onda expansiva quedamos atrapados.
El amor son momentos, hechos, palabras, gestos, miradas, caricias, sonrisas.
El amor no son "para siempre" con fecha de caducidad, sino un "intentémoslo" que dura hasta el final.
El amor es pura llama que te invade, que te abrasa, que te quema el alma.
Aunque, ¿sabes? dicen que el amor no existe; pese a ello, nosotros sí y, joder, deberíamos ser capaces de querer lo suficiente como para no ponerle nombre a lo que sentimos.
Yo no tengo ni puta idea del amor, apenas le miré directamente a los ojos antes de que apartase la mirada. Así que, siendo sinceros, no espero que, tras aquello, me atreva a volver a hacerlo.
O quizá sí: al fin y al cabo, de ningún cobarde se escribió jamás nada.