30 de junio de 2014

Un mundo carente de (co)razón

Nos destruiremos, sabemos cómo hacerlo y acabaremos reincidiendo. Dejaremos que la razón se haga añicos como consecuencia de nuestros actos.
No hallaremos nada en el pasado. No hallaremos nada en el futuro.
Sabremos valernos del presente y del vacío que dejaron unos sentimientos ya extintos.
No habrá que aguardar la llegada de algo que no vendrá.
Mientras, el resto del mundo se encargará de juzgarnos, como viene haciendo desde que olvidó a usar el corazón.
Pero continuaremos actuando como nos venga en gana.
Romperemos los esquemas de las ideas preconcebidas
para que la perfección sea sólo el mal recuerdo de un ayer  lejano.
Y con todo eso continuaremos, con nuestra extraña costumbre de actuar sin pensar, de respirar aun sabiendo que el amor está en el aire.
Continuaremos en el presente, mientras existan vacíos que llenar.
Porque no importa las lágrimas que derramaste sin sentido en invierno.
Lo que de verdad merece la pena, es el rumbo que diste a cada sonrisa de verano.


20 de junio de 2014

But I set fire to the rain


Podemos medir las distancias que no existen, podemos utilizar el sistema internacional o el nuestro propio, podemos fingir querernos a centímetros u odiarnos a kilómetros. Podemos hacer lo que queramos, excepto dejar de querer.
Ojalá no existiesen esos kilómetros que separan de ti a esa persona con la que desearías pasar tu vida entera y que, al parecer, hizo una alianza con el tiempo para que te consumieras al respirar, para que vivieras al soñar. Únicamente quieres un maldito metro que te lleve hasta la misma Conchinchina si es necesario para perderte, aunque sea sólo por unos segundos, en esa mirada con la que desde hace tanto sueñas. Quieres sentir a centímetros la respiración de alguien que te hará derretirte, quieres sentir cómo será dejar de sentirle para siempre. Sería fantástico que unos milímetros de amor se quedasen guardados en tu corazón. Pero no ocurrirá nada, al menos, de momento. 
Porque, sí, de momento, sólo hay amores lejanos, metros demasiado caros, suspiros a distancia, amores que permanecen y que no llegan aún a rozarte el corazón pero permiten que la razón vuelva a vencer.
Y, la razón, vence.

10 de junio de 2014

L'esprit de l'été futur


Llego el momento, la época de noches infinitas y puestas de sol que consumen pieles pálidas. Está aquí la hora de soltar carcajadas, de atar madrugadas, de crear recuerdos que duelan y buscar labios que apacigüen el sufrimiento. Es tiempo de querer al cielo y odiarlo por estar tan lejos; de pisar fuerte y bailar suave. Toca despedirse de las preocupaciones. Toca dejar de contar las horas que vas a dormir y preocuparte de dar un número a las sonrisas ajenas, las miradas cómplices, las canciones que debes aprender. El momento es tuyo, despiértate, observa sonrisas, dirige miradas y pon una banda sonora a tu vida porque este, sin duda, va a ser tu instante.

9 de junio de 2014

En un verso sabrás todo lo que he callado


Cerró los ojos para verle, en su reproductor de música acababa de comenzar a sonar una de sus canciones favoritas que, sin saber cuándo ni cómo, también se convirtió en imprescindible para ella.
Le gustaba esa forma suya de utilizar símiles y metáforas incluso siendo innecesarios porque, de algún modo, se veía reflejada en ello; comenzó a pensar que aquellas tardes, aquellas miradas, aquellas palabras que compartieron, no habían sido más que parte de un bonito sueño que, ahora, había acabado de desvanecerse por completo. Nunca dejó de pensar que él era diferente, una flor que había nacido en medio del desierto, un alma demasiado noble, cuyas raíces arrancó sin reparar en consecuencia alguna.
Y mientras, ella tumbada, escuchaba el estribillo de una canción que ni siquiera tenía la certeza de no haber compuesto.
Pero el tema se acabó y tuvo que abrir los ojos. Aquello fue lo que más le dolió porque, en cuanto sonó el último acorde, estuvo segura de algo: nada volvería a ser lo mismo.


7 de junio de 2014

Escribiendo a musas invisibles


Míranos ahora, siendo dos ilusos,
hablando de un amor inconcluso.
Recuerdo que aquella noche susurré que quería que me besaras el abecedario, que ya yo te enviaría mi sonrisa mediante una reacción en cadena. Recuerdo que no me escuchaste, que me preguntaste qué había dicho y respondí que "nada". Nunca un nada había significado tanto. Solías decir que el tiempo lo curaba todo, que hacía el olvido, que algún día, cuando todo se acabase, haría su labor y me ayudaría a olvidarte. Solías decir tantas mentiras disfrazadas de verdad, solías ser tan distinto, tan distante.
Mírame ahora, aquí, escribiéndole a musas invisibles que llevan tu nombre tatuado en cada poro de su piel, a musas que te odian por no quererme, por obligarme a levantarlas de su letargo, de dónde quiera que habiten, únicamente para traerlas a este mundo cruel donde el amor más bonito es el no correspondido, donde comenzamos a conformarnos con el cariño que nos ofrecen, con los brazos fríos de alguien a quien realmente no queremos, con las caricias de unas manos que no nos aportan más que un calor helado.
Mírate ahora, dónde quiera que estés, preguntándole al tiempo por qué no se digna a curar tus heridas de una vez. Porque, al parecer, incluso a los mejores matemáticos les fallan los cálculos de vez en cuando y, parece ser, ni siquiera tú serás capaz de despejar la ecuación del amor.


6 de junio de 2014

Babia busca nuevos residentes enamorados



Ojalá algo fuese eterno, ojalá el amor, ojalá los momentos, ojalá tú, ojalá yo, ojalá nosotros. 
Puedo escribirte cómo recuerdo cosas que no pasaron, puedo describirte cómo no siento que pueda llegar a olvidar nada de esto, puedo describirte con exactitud que quizá nadie pueda ocupar este lugar, que hay canciones que me recuerdan demasiado a ti, que hay días en los que desearía ser diferente, que hay momentos en los que siento que te odio y, otros, en los que soy consciente de no poder quererte más.
Pero el resultado es siempre el mismo.
El resultado soy yo, quejándome de que nunca pasará nada y haciendo todo lo posible para no equivocarme, para no dejar que me conozcas de verdad, para olvidarte, olvidarnos.
El resultado eres tú, ahí, deambulando por mis pensamientos al ritmo de alguna canción de un grupo que sólo tú y yo conocemos y que no quiero compartir con ninguna otra persona.
El resultado son sensaciones que no comienzan, son miradas que se pierden por el camino, son billetes para Babia que nunca consumiremos, besos que se tatuarán en mis labios junto a las palabras que nunca pronunciaré ni te permitiré pronunciar, suspiros que llevan tu nombre tachado, mensajes que jamás escribiré y que meteré en un cajón junto a las fotos para las que nunca posaremos.
Quizá sí que es cierto, quizá te escribo desde el silencio del inmenso vacío que siento sin ti y que me hace más bien que ningún otro tipo de lleno, quizá me he vuelto adicta, quizá me quede aquí metida para reflexionar.
Eternamente, sin amor, sin momentos, sin ti, sin mí, sin nosotros...



2 de junio de 2014

Cielos rotos, suelos a medias.



Te propongo un trato, ¿matamos el tiempo para evitar que él nos consuma a nosotros?

Una taza de café que aguarda su dueño y un corazón que ya está vacío, sin sueños. Sueños que se fueron yendo poco a poco, que se desvanecieron, que se pudrieron y lo pudrieron a él.
Creímos haber ganado, consideramos la posibilidad de haber vencido, caímos en una trampa que nosotros mismos construimos. Y es que pensamos que todo había acabado cuando, en realidad, no había hecho más que empezar.
Solías decir que odiabas la hipocresía, manía arriesgada en este mundo. He tenido que reflexionar tanto para comprender cada una de tus palabras que supongo que ni idea de la vida, ni de ti, tengo.
Una lástima que vayamos a olvidarnos justo ahora, pero supongo que es ley de vida, aunque si es cierto lo que dicen, pasará. Nos volveremos a encontrar.


1 de junio de 2014

Buena suerte, buena muerte



No sabes cuándo comenzó todo. Pudo ser al final de aquel invierno. El mundo se había detenido, quizá porque tú le pediste que lo hiciera, porque querías digerir todo lo sucedido. Después aguardaste durante siglos a que algo distinto consiguiese hacerte sentir igual, pero fue imposible. Aquel enero se rompieron  en mil pedazos todos esos esquemas que tanto tiempo habías tardado en construir, pero aquello no era lo peor, lo peor era que te había gustado sentir cómo dentro de ti se resquebrajaban inexorablemente cada uno de los pedazos que rodeaban tu estúpida máquina bombea-sangre y que, de un modo u otro, ahora había quedado desprotegida, y descubierta, con heridas que, aunque sanaran, jamás dejarían de cicatrizar.