10 de octubre de 2014

Bye, kitty.



Solía pedirle a los gatos alguna vida extra, consciente de que a ellos les sobraba y, a él, no le venían nada mal.
Pero desconocía que aquel no era como el resto de felinos, aquel tenía una historia que, fácilmente, podía leerse entre sus bigotes, deducirse en su mirada.
Él había muerto seis veces antes, era un gato enamorado de la luna que, ahogando sus penas, se había ahogado también en busca del reflejo de aquel redondo ser en forma de queso.
Y así estaban: por un lado, el hombre que amaba la vida; por el otro, el gato novio de la muerte que, por séptima vez, dejaría caer sus sentimientos al suelo aun a sabiendas de que, pese a todo, éstos caerían de pie.
O quizá no, quizá se rompiesen en mil pedazos como aquel corazón que, desde hacía algún tiempo, latía en su interior plagado de arañazos.
 

5 de octubre de 2014

Lo nuestro


Lo nuestro no fue un amor de verano.
Porque nos conocimos pasado noviembre y los sentimientos no llenaron el vacío que antiguas heridas nos habían ya dejado.
Lo nuestro no fue un primer amor.
Porque habíamos querido hasta volvernos locos mucho antes, y nos deseamos como cuerdos, con límites que nos ataban a la realidad.
Lo nuestro no fue amor a primera vista.
Porque estábamos ciegos y permitimos que el corazón sustituyese al resto de sentidos, olvidando obviedades que no iban con nosotros a pesar de hallarse a nuestro lado.
Lo nuestro no fue el amor de nuestra vida.
Porque nos quedaba mucho camino por recorrer en este mundo, y no pretendimos avanzar un solo paso juntos.
Lo nuestro no fue un amor de noches.
Porque las madrugadas mataron los pocos atisbos de sentimientos que se atrevieron a asomar la cabeza.
Lo nuestro no fue amor.
Porque nos quisimos, pero no lo supimos descifrar hasta que fue demasiado tarde; porque nos amamos sin sentido, con rumbo fijo e ideas dispersas.
Y seremos de esos que no saben cuál es el peso de las palabras, de los que no quieren ceder ni un gramo de amor a este mundo necesitado de cariño.
Seremos de esos que se desean en diciembre para desenamorarse por segunda vez y no ser vencidos por mañanas vacías de sentimientos; los que niegan enamorarse para engañar al mundo pensando, erróneamente, que este les dará ventaja.
Seremos amantes que se quieran más que a nada pero; sin embargo, no se amen.
Seremos nosotros y, cualesquiera que sea la definición de esto, no logrará explicar lo nuestro.