10 de octubre de 2014

Bye, kitty.



Solía pedirle a los gatos alguna vida extra, consciente de que a ellos les sobraba y, a él, no le venían nada mal.
Pero desconocía que aquel no era como el resto de felinos, aquel tenía una historia que, fácilmente, podía leerse entre sus bigotes, deducirse en su mirada.
Él había muerto seis veces antes, era un gato enamorado de la luna que, ahogando sus penas, se había ahogado también en busca del reflejo de aquel redondo ser en forma de queso.
Y así estaban: por un lado, el hombre que amaba la vida; por el otro, el gato novio de la muerte que, por séptima vez, dejaría caer sus sentimientos al suelo aun a sabiendas de que, pese a todo, éstos caerían de pie.
O quizá no, quizá se rompiesen en mil pedazos como aquel corazón que, desde hacía algún tiempo, latía en su interior plagado de arañazos.
 

5 comentarios :

  1. Ohh!! SIN PALABRAS *-* Precioso aunque triste texto... y es verdad, nos creemos que los gatos tienen siete vidas y nos olvidamos de que los pobres son tan desdichados y frágiles como nosotros...
    Un abrazo y pásate cuando quieras :3

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  2. Realmente casi me haces llorar, una entrada increible y desbordante de sentimiento. Incluso me has inspirado. Viste siete vidas junto a esos preciosos ojos y adorables bigotes aferrate a ellas cuando parezca que la tuya duele demasiado.
    Un beso enorme

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  3. Me ha encantado la metáfora de las vidas de un gato, ojala nuestros corazones cayeran siempre de pie.
    Susurrando al sol que vuelva a salir mañana en http://albordedetucama.blogspot.com.es/
    M.

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  4. ¡Precioso texto y muy creativo! El final con lo de arañazos me ha encantado.
    Un besazo y mil gracias por tus palabras en mi blog :)

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