24 de diciembre de 2014

Sincronización de bioritmos


Fíjate si estoy loca que, por un momento, creí oír a los gatos susurrar tu nombre por las calles. Aún conservo el recuerdo de las mil historias que nos quedaron por vivir. Están en una esquina, en la misma en la que decidimos que, algún día, las llevaríamos a cabo, que seríamos los primeros seres de la faz de la tierra en cumplir sus promesas.
Pero, ya ves, no logramos desmontar la teoría del imperfecto humano.
Habría sido tan bonito, tan extremadamente cursi, lograr sincronizar nuestros corazones, conseguir que latiesen al mismo ritmo, llevarlos a juego.
He llegado a un punto en el que ya no sé si uso el alcohol para ahogar mis penas o es él el que las emplea para empaparse de algo amargo. Quizá ambas sean ciertas, en universos paralelos. Quizá, también en uno de esos otros universos, aún el mundo continúa envidiando la vitalidad que desprendemos, nuestra recién nacida juventud.
La Vía Láctea, a pesar de todo, acabó con nuestras posibilidades. Permitimos, sin inmutarnos, que todo se convirtiese en la pesadilla de una noche de otoño, que la razón ganase una batalla tras haber perdido las mil previas. Y me niego a borrar cien de esas historias mencionadas, por si algún verano, por lejano que sea, te decides a volver.

19 de diciembre de 2014

Noches de mentiras, noches sin bohemia




Podríamos fingir que nada sucedió, que continuo aquí, que puedo volver esta noche a regalarte un amor del que, hace ya algún tiempo, carezco. Lo reconozco, necesito convertirme en el poema que recites antes de dormir. Necesito convertirme, aunque sea por espacio de algunos segundos, en el centro de tus más ansiosas miradas. En uno de esos abrazos que, al partir, te destrozan por dentro, que te dejan con la incertidumbre de si es, o no, la última vez. 
Te propongo algo: seamos, juntos, dos estrellas perdidas en la inmensidad de este insignificante universo, dos estrellas que desprenden su luz poco a poco, teniendo consideración con estos simples mortales ajenos a la perfección de tus labios. Seamos efímeros, como las burbujas de una copa de champage. Seamos un soliloquio de Romeo a medianoche, el llanto de Julieta a plena luz del día. 
Sé mío por una noche amor,
y yo seré tuya toda la vida.