3 de octubre de 2015

ATELOFOBIA

Hola a todos, hoy escribo para presentaros mi último cortometraje. Su nombre es Atelofobia
La atelofobia se define como un persistente, anormal e injustificado miedo a la imperfección y, el vídeo que os mostraré, narra la historia de Lucía, una chica con esta fobia, cuya vida se verá truncada tras la muerte de su mejor amiga en extrañas circunstancias.
Por otro lado, estoy participando en un concurso con esta cinta. Me encantaría que, si tuvieséis un segundo, os pasaseis a votar: ¡no hace falta que os registréis en ningún sitio y es totalmente gratis! Lo único que tenéis que hacer es click AQUÍ y darle a "me gusta" justo debajo del cuadradito verde.
Sin más dilación: aquí está el vídeo.
¡Muchas gracias a todos, espero que os guste!
PARA VERLO Y VOTAR PINCHAD EN ESTE ENLACE AQUÍ 

Tenéis que votar pinchando donde os muestro en esta imagen, en serio, no os imagináis cómo de importante es esto:



13 de febrero de 2015

Té, quiero



Té, quiero,
no importa el sabor;
si es verde
o rojo,
¿qué se yo?

Si el primero te da pie a pensar
que puedes
y quizá quiero
que vuelvas;
deséchalo.

En cuanto al segundo,
cuento ya los minutos
y horas
pretendiendo detener el tiempo
y, si es posible,
a tu recuerdo
y a ti
también.

Y es que ya más
llamas
no quedan
para calentar café.
Además,
me llamas
y dices: "Solo queda té"
para dejarme sola y marcharte
otra vez.

Puede que, al fin
y al cabo,
sea una suerte
querer té
ahora que ya no voy a
quererte
más.

1 de febrero de 2015

Fingiré...



Fingiré que no odio el tiempo.
Fingiré que no te echo de menos, que tu recuerdo no está presente en cada una de las cuatro paredes que rodean mi corazón.
Fingiré que mis labios odian pronunciar tu nombre.
Fingiré que mi boca no necesita respirar tu aliento, que puedo sobrevivir sin besarte ni pensarte.
Fingiré que te he olvidado.
Fingiré que no te quiero, que nunca lo hice, que no llegaste a ser especial. Fingiré por ti, por mí, por los dos.
Fingiré todo esto, y te darás cuenta.
Pero fingirás no haberlo hecho,
para darme la satisfacción de fingir que disimular está entre mis virtudes.
Fingiré hasta que todas las conjugaciones del verbo fingir dejen de tener sentido, hasta que el indicativo nos indique que te quise en pretérito perfecto y que querría, en honor al condicional pero sin condiciones, no tener que estar fingiendo, aunque sea en gerundio. ¿Sabes? ojalá quiera el futuro en subjuntivo darte lo que yo no fui capaz.


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21 de enero de 2015

Eterna poesía

Aun si todos los poetas llegasen a extinguirse, existiría la poesía.

Existiría sin versos; pero requeriría de besos.
Existiría en las miradas que buscan encontrarse y se pierden al hallar su destino; en los ojos repletos de lágrimas sinceras.
Existiría en los corazones que, aunque rotos, laten; en los enamorados conocedores de que su amor, pese a serlo todo, nada vale.
Existiría en las sonrisas sin venir a cuento con finales grises y nublados; en el pasado de quienes un día fueron infelices y vomitaron perdices.
Y no sería necesario el uso de la métrica para medir nada de esto, no haría falta que nadie le cediese un nombre a lo que siente, ni poetas que lo versaran.
Porque aunque la poesía muriese, las emociones continuarían vigentes entre nosotros, matándonos y dándonos la vida.
Aunque todos los poetas se extinguiesen, la poesía seguiría habitando nuestros corazones. Se hallaría en el árbol cuyas hojas mece el viento o en el canto que entonan los pequeños ruiseñores.
Porque, al fin y al cabo, la vida, es poesía; y tú... tú, también.


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18 de enero de 2015

Encuentra mis palabras perdidas



Imaginarnos.
Repletos de arte, de sueños, de nosotros, de todas las estrellas que cupiesen en tus pupilas y las mil y una canciones que me faltaron por dedicarte.
Imaginarte.
Cerrando heridas pese a estar estas en carne viva.
Imaginarme.
Hallando algún modo de plasmar en una imagen eso que no sentías.
Despertar,
Y ver que, pese a todo, las brisas del verano han dado paso a una tormenta de invierno, y te arrastra, pero sé que la corriente volverá a traerte cuando ya apenas queden recuerdos que olvidar.
Y es que no sabes, afortunadamente,
que perdimos la noción del tiempo y que jamás nos molestaremos en buscarla, que nos gusta tenerla extraviada.
Porque yo solo quería
que me dijeses que dejase de buscar,
quería que susurrases a mi oído que ya te había encontrado
y que era el momento perfecto,
que podíamos perdernos juntos.


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17 de enero de 2015

Las últimas cenizas de Troya



A ellos jamás les importó la magnitud de tus problemas. Solo sabían prometer falsos "llegarán tiempos mejores" que, ni siquiera quienes pronunciaban, eran capaces de creer.
Porque tu esperanza hace tiempo que se extravió. Aguardaste tanto tiempo a algo, o quizá a alguien, que, finalmente, llegó un momento en que olvidaste qué era aquello que, en un principio, esperabas que ocurriese.
Quizá deseabas avivar el fuego de una mirada helada, sentir que unos ojos te arañaban el alma sin pretenderlo y, al mismo tiempo, con la inminente intención de hacerlo.
Solo necesitabas que esa persona te dijese algo, cualquier cosa, una sola palabra y, sabes, jamás le habrías dejado ir. Pero, ¿quién perdió a quién? La incesante y envenenada pregunta mata tu mente, te destroza por dentro... lo peor es que trabaja a jornada completa.
Mañana-tarde-noche
Hace ya algún tiempo descubriste que las peores despedidas son aquellas que llegan sin ser anunciadas, sin una explicación aparente que, para aún más inri, ni siquiera se pronuncian.
Porque el amor a veces duele y, si no te hace daño, si no sientes el corazón tratando de romper la cárcel que le aprisiona para salir al exterior ni, tan solo, un miedo feroz a perder algo que, sabes, no te pertenece; desengáñate porque, entonces, no es amor.
Y, a veces sucede, aunque nos duela, debemos hacernos a la idea de que, en ocasiones, la mayor prueba de que queremos a alguien consiste en eso, en preferir que otra persona vuele a tener que cortar sus alas y obligarla a quedarse, contra su voluntad, a nuestro lado.


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16 de enero de 2015

La soledad quiere bailar en compañía esta noche



El tiempo nos convirtió en aquello que, algún tiempo atrás, juramos y perjuramos no permitirnos ser jamás. Ahora la vida nos arrastra por callejones desiertos y oscuros, risas que riman con tu nombre, risas que, de vez en cuando, se permiten el delirio de espetar algún que otro verso de Neruda.
Ya no queda nada de lo que un día fuimos, los recuerdos se han esfumado del mismo modo en que lo hizo el humo de aquel cigarrillo que fumaste el día en que, sonriendo, aseguraste no volver a dejarme nunca. Pero te conocía, y sabía que romperías tu promesa alegando, como solo un cobarde lo haría, que ya yo me encargaría de hacer lo propio con el silencio.
Hay veces en las que no estoy segura de ser capaz de distinguir la realidad que empaña mi presente de la ficción que ha creado mi mente... y, en fin, a veces (que no a besos) es mejor así.
Es mejor engañarme, hacerme creer que aún hoy sería capaz de permitir a mil días pasar si me aseguraban que, en el mil y uno, volveríamos a vernos. Porque, al fin y al cabo, el amor es eso, ¿no? es tirarte a la piscina a ciegas desde lo más alto del trampolín, sin que nadie te asegure que saldrás ileso, arriesgarte a lo peor porque, si todo acaba bien, obtendrás la mejor de las recompensas.
Y, ya sabes, será increíble nadar juntos.

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15 de enero de 2015

Invierno en tu corazón; infierno en tus labios

Y teñir de sangre el grito de los que aman sin poder amar...
 (Leiva)




Hay versos que pasean tan libremente por tu cabeza que acaban apresándote a ellos. Prometí que siempre nos quedaría París y, al final, únicamente conseguimos que su recuerdo nos quemara. Pese a todo, las cosas siguen siendo iguales y, ya ves, aún continúo viviendo a base de fríos desamores de verano, soñando con el otoñal día en el que Cupido venga a rescatarme de este mundo, aquí estoy, con mi coeur à prendre.
Es difícil mantener la esperanza cuando desconoces qué es eso que estás esperando.
Porque aún recuerdo cómo nos acabó incendiando París, o quizá fueron tus labios (no sé) pero, al final, acabamos ardiendo; y que te dirán que lo mío no fue más que un infierno, un infierno disfrazado de ese claro, acogedor y despejado cielo que tanto admiramos en su día. Pero, para qué mentir, eso no será, ni de lejos, lo peor, ¿sabes? Porque, si hay algo que pueda dolerme más, eso será, sin lugar a dudas, subir la mirada, tratar de levantar cabeza y percatarme de algo que en el fondo sé: ya ha anochecido.
Ahora solo quedan cenizas...

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14 de enero de 2015

Amorosos apretones manos


Ella no conocía nada más allá de las fronteras de una ciudad repleta de personas vacías; acentos franceses y poetas que mentían más que versaban; despedidas inesperadas y helados reencuentros; canciones de The Beatles y algún que otro cuento sobre la princesa que cenaba príncipes azules cada fin de semana (a la cual, para qué mentir, adoraba).
Él, por su parte, soñaba despierto con la posibilidad de hacerla creer que, en ocasiones, el amor era capaz de durar más de una noche, que, algún día, ella lograría volar pese a carecer de alas propias que, si todo continuaba bien, él le cedería las suyas.
Pero el amor no es eterno.
Todo lo que ella sentía se malgastó, aún hoy se pregunta dónde fueron a parar aquellas emociones que, tan dentro de sí, habían nacido. Todavía posee cadáveres de flores marchitas en la piel que, pese a ya no doler, continúan escociendo.
Pues el amor no era amor.
Solo creyó ver espejismos de algo que nunca existió, de un amor que no habitó más que su mente. Un amor tan ficticio que le arrancó, figuradamente, las entrañas. Quizá, sucedió algo peor.
Y, el amor, (se) fue.