21 de septiembre de 2013

Un amor pasajero de un tren sin destino

Ella solía salir de noche, como la luna. Solía decir que de noche todo se veía distinto, que caminar bajo las estrellas equivalía a hacerlo bajo un millón y medio de sonrisas que, desde otras galaxias, pretendían iluminar su camino.
Ahora todo ha cambiado. Hace tiempo que no logra esbozar más que sonrisas rotas, todo es distinto desde que le rompieron el corazón; desde que descubrió cómo amar, cómo vivir con dos corazones y hacer que ambos latan al mismo tiempo,a la misma velocidad.
Pero sabe que el amor es algo más que conseguir que dos corazones vayan a juego... y precisamente por eso se odia.
Se odia porque, aunque lo niegue, tiene los sentimientos escritos en minúscula, tatuados en su piel... pero incluso un alienigena ciego a cien años luz podría leerlos y, eso, le preocupa porque, si descubre cómo se siente, sabe que su sonrisa se desvanecerá y, entonces, una de las estrellas del cielo desaparecerá.


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2 comentarios :

  1. Mientras sonría todo irá bien, aunque sea una sonrisa rota, porque al fin y al cabo no deja de ser una sonrisa. Además... con el paso del tiempo todas las heridas curan, aunque las cicatrices sigan estando ahí.

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  2. En primer lugar decirte: gracias, gracias por pasarte por mi blog y por dejarme un comentario tan bonito. Cosas como esas son las que me hacen seguir con el blog...

    Por otro lado decirte que me gustó lo que escribiste. Que precisa es una sonrisa...

    Saludos; nos leemos.

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